Periodismo en tiempos revueltos

Esta semana, profesionales de la información, teóricos y estudiantes de la comunicación han reflexionado en Madrid sobre el papel que los medios españoles están jugando en la crisis… y sobre el que deberían jugar de cara a la movilización social. Ha sido dentro de la décima edición del Seminario de Periodismo Solidario. Dejando al margen el lado académico (el programa completo, aquí) y el sesgo ideológico de la convocatoria, lo cierto es que el debate ha apuntado unas conclusiones poco halagüeñas para los periodistas españoles.

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“La principal, que la crisis —y la miopía de algunos empresarios editores— han metido a los medios españoles en lo que John Müller —de El Mundo— reconoció como «círculo infernal»: con los resultados económicos en mente, se reducen plantillas; luego se hace peor información porque hay menos personal y así se depende más de lo que llega (notas de prensa, filtraciones).  Además, “jefes e indios” temen por la supervivencia del medio, lo que les hace volverse acomodaticios… aunque sea a la fuerza. Se habló abiertamente, por ejemplo, de las presiones laborales (“si no haces esto, a la calle”) que la crisis ha acrecentado, que se han convertido en fuentes de autocensura, y que nos retrotraen a tiempos pasados.

Ya es un paso adelante que las “mentes pensantes” de las cabeceras importantes lo reconozcan abiertamente. Ahora sólo queda que cambien de estrategia y dejen de primar los costes sobre la calidad.

Como señalaba el periodista Pablo Muñoz López, en tiempos difíciles como éstos «tocaría periodismo de investigación, pero eso requiere tiempo, talento, recursos e independencia. Y todo eso falta…» por lo que triunfa el periodismo de filtración, en el que el profesional queda a merced de informaciones parciales, sesgadas e interesadas que los políticos o instituciones utilizan como armas arrojadizas en su propio beneficio.
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Compromiso, crítica, reflexión e influencia

Todo eso ha conllevado una lógica pérdida de audiencia —e influencia— por descrédito. Así las cosas, las tareas pendientes del periodismo español son: compromiso, crítica y reflexión frente frente a la pasividad y la “paciencia” que pide la oficialidad. Reconquistar el sistema democrático es imposible sin una sociedad comprometida y para eso tiene que ser consciente de lo que está sucediendo.

En este sentido, se puede ver que la crisis ha traído una cosa buena: la prensa ha sacado a la luz casos que en época de bonanza no hubieran salido (ejemplo: las investigaciones e informaciones sobre el caso Noos).

Una mesa redonda hizo una buena panorámica de quiénes están protestando en la calle española, desde los afectados por las hipotecas hasta los tocados por los recortes en Sanidad y Educación, las distintas mareas; pasando por los trabajadores de medios sometidos a mobbing (caso Telemadrid) o quienes luchan por la igualdad de género. Todos coindicieron en la necesidad de una información comprometida en abrir los ojos a una sociedad que parecía dormida y que durante años fue crecientemente acrítica.

Ahora bien, el compromiso del periodista pasa por dar todos los datos y no debe ser igual a informaciones tendenciosas. Aquí vino una llamada de atención del histórico José Mª Izquierdo a los profesionales más jóvenes: constató el gran número de ellos (sobre todo blogueros) que sólo ejercen de articulistas/columnistas de uno y otro signo (más o menos radicales) sin tener el poso ni la experiencia para ello.

Personalmente creo que, efectivamente, nos faltan informadores y nos sobran “opinadores”.

El exministro Ángel Gabilondo —en una intervención eminentemente filosófica pero muy ilustrativa— utilizó el concepto de afterword para hablar de un mundo, el nuestro, en el que «la gran penuria es el abandono de la palabra», su descuido, y animó a los periodistas a reivindicar el oficio mediante el rigor y la ética.

“La vergüenza de las palabras que hemos acallado: justicia, igualdad, libertad.”

Mover, motivar, movilizar, emocionar frente a la crisis —dijo— sólo es posible a través de la palabra. La información de calidad es una necesidad mayor para que la  ciudadanía pueda hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo, apostilló. Además, hizo una cierta defensa de la información internacional al decir que «es vital para el progreso» en un mundo en el que todo está conectado («globalización, todo es tránsito»). Todo lo contrario de lo que sugiere la tendencia dominante en nuestros medios, que suelen primar lo local.

El  resumen de mis notas sobre la disertación del profesor Gabilondo aquí (PDF)
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Comunicación ≠ Periodismo

Por supuesto, se habló de cómo las redes y nuevas tecnologías han facilitado el trabajo de informar y abierto posibilidades impensables hace no tanto. En relación a este punto se discutió, y estoy muy de acuerdo, la necesidad de diferenciar comunicación (lo que se hace en Twitter, Facebook, etc.) y periodismo (que implica formación, investigación, elaboración, reglas, contexto y contraste).

En palabras de Soledad Gallego-Díaz: «Todo el mundo puede informar pero eso no es periodismo. Y un título universitario tampoco implica ser periodista: muchos periodistas hoy (los llamados “tertulianos”) tienen el título pero no están actuando como periodistas, sino como faranduleros.»

Es lo que ocurre, según ella, en la mayoría de los “debates” que hoy pueblan las parrillas televisivas (debido en gran medida a su bajo coste de producción): «no son ejercicios periodísticos sino espectáculos que “enseñan a no escuchar” y van contra la “pequeña base pedagógica” del periodismo.»
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Papel vs Web

En el debate también se planteó este manido combate. Los y las periodistas provinientes de prensa escrita defendieron los diarios impresos destacando la «importancia del “retrato fijo” que ordena la realidad frente al caos de contenidos dinámicos, constantemente cambiantes, de la web». E indefectiblemente se concluyó que el papel sobrevivirá, pero será en ediciones “deluxe” que aporten un valor añadido de reportajes, artículos y formatos más elaborados (como lo que ya están haciendo El diario con sus Cuadernos e infoLibre con tintaLibre).
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Medios y movimientos

Durante las jornadas se habló asimismo de los orígenes de la crisis, del “colapso” del capitalismo, hubo comparaciones con el crack del 29 y se repasaron las características, virtudes y defectos de movimientos como el 15-M.

Desigualdad y pobreza, feminización de la pobreza.

Y —lo que es más interesante— se repasó el papel de los medios (nuevos y tradicionales) en las crisis de España, Portugal, Italia, Grecia, América Latina, el mundo  árabe y Chipre<a id=”Primavera arabe”>.</a>

La autocrítica y las lecciones más importantes para los medios españoles (y europeos, por extensión) quizá debamos extraerlas de la llamada “primavera árabe”: la mayoría de los periodistas occidentales —seducidos tal vez por el “romanticismo” de la revolución— no han sabido ver que los movimientos sociales árabes son muy distintos entre sí, que no tienen nada que ver con las izquierdas europeas, ni qué había detrás de ellos (los Hermanos Musulmanes, los ejércitos, Arabia Saudí). Según recordaba el corresponsal de TVE Óscar Mijallo…

Las “primaveras árabes” han resultado ser “primaveras islámicas”.

Del caso portugués, con el ¡Que se lixe a Troika!, comprobamos cómo en muy pocos meses puede organizarse —fundamentalmente a través de internet— un movimiento capaz de sacar a la calle a millón y medio de personas, con grupos de trabajos descentralizados y que busca su internalización con la iniciativa de los «pueblos mediterráneos unidos».

De Italia destaca cómo los movimientos sociales han sabido conectar con la mayoría en ámbitos concretos, pero se han topado con la izquierda institucionalizada en el salto a la política nacional . Y cómo los medios de comunicación han sido utilizados por los líderes italianos y su particular forma de hacer campaña, lo que el profesor Bartoli denomina «marketing de la política» (Berlusconi en televisión, Beppe Grillo con Facebook).

Algo parecido ha ocurrido con los movimientos sociales griegos —y en particular con la izquierda representada por Syriza, que se enfrentó a enormes presiones de la prensa durante la campaña electoral. Utilización politica de los medios: todos —no sólo los sensacionalistas— trataron ferozmente de identificar a Syriza con la violencia, siendo ésta sólo culpa “de una rama violenta y anarquista” según el grecólogo Jesús Nieto.

De las revueltas chilenas aprendimos cómo estudiantes e indígenas pasaron de reivindicar una mejor Educación a poner de manifiesto el descontento general y pedir la reforma de todo el sistema representativo, logrando un cambio de mentalidad. Y vimos cómo en México se denuncia a diario el oligopolio de los medios de comunicación.   En ambos casos, en gran medida, gracias a las redes sociales.

Sobre el rescate a Chipre constatamos cómo la Unión Europea utilizó su política de comunicación para ocultar que era un ensayo de corralito en Europa y para “marear la perdiz” sobre si sería o no el modelo para futuros rescates. Algo que para la periodista Antonia Sánchez Vallejo fue «una chapuza colosal del Eurogrupo».

Unos apuntes más amplios sobre estas conferencias pueden consultarse aquí (PDF)
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Como observación general sobre el rol de los nuevos medios y TICs, me resultó curiosa la afirmación del politólogo Carlos Taibo, que los llamó «ilusiones ópticas» y advirtió que no se debe sobrevalorar su dimensión política (no pueden sustituir al diálogo directo). «Facebook no enriquece realmente nuestra vida social», afirmó muy serio.

Como temas menores, también se habló de Responsabilidad Social Corporativa y del Tercer Sector y la Ética. A lo largo del seminario se citaron multitud de datos y obras, de entre las cuales me parecieron especialmente recomendables:

Las promesas políticas, de José Mª Maravall.
Crónica de un colapso: Historia de España 2014-2033, de Michael Joker.
El futuro es un país extraño, de Josep Fontana.

Aparte del staff nada paritario del curso, como crítica final y nota al margen, he de comentar que me chirrió escuchar cómo a las primeras de cambio algun@ de l@s ponentes animaba a los estudiantes presentes a marcharse a buscarse el futuro fuera, “comprando” el discurso gubernativo de la Movilidad Exterior, y sin tener en cuenta que “por ahí fuera no atan a los perros con longanizas”. ¿Que hay trabajo en el extranjero? Sí, claro, sobre todo para algunas profesiones (médicos, enfermeros, fisioterapeutas, ingenieros,…) —lástima que la de periodista no sea una de ellas.

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