Barack y Dilma

La historia de la primera visita oficial de la presidenta brasileña a Estados Unidos no es una historia de amor sino más bien la de un matrimonio de conveniencia: los líderes de las economías más potentes de América buscan un acercamiento comercial mutuamente provechoso en medio de la crisis financiera mundial.

Obama busca beneficiarse del modelo energético brasileño —puntero en biocombustibles y renovables— ahora que el coste del petróleo parece disparado. Mientras, los brasileiros (que ya son la sexta economía del mundo) quieren aprovechar el sistema educativo estadounidense para formar a sus profesionales del futuro… enviando a hasta 20.000 estudiantes a las universidades de EE.UU. Por eso la presidenta Rousseff va a visitar la de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachussetts.

Obama y Rousseff buscan también limar asperezas en su política exterior, enfrentada en temas candentes como Cuba o Irán. Rousseff ha dicho por activa y por pasiva que teme que las sanciones por el programa nuclear de Teherán desestabilicen Oriente Medio.  Y ha insistido en que la Cumbre de las Américas de este fin de semana debería ser “la última” sin los cubanos.

El presidente estadounidense le ha reconocido a Dilma el esfuerzo de su Gobierno en la lucha contra la corrupción.

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