Cae Gadafi: crónica de una guerra civil

Ha caído Gadafi tras más de 40 años de dictadura. Ha sido capturado mientras huía de su búnker por la red de túneles de Sirte, su ciudad natal y último bastión. Y según el Consejo Libio de Transición, ha muerto en el fuego cruzado entre sus guardias y los rebeldes… aunque fuentes locales aseguran que ha sido ejecutado con un tiro en la sién. La misma suerte habría corrido Mutassin, uno de sus hijos, que huía con él. Nada se sabe de su otro heredero, Saíf al Islam.

Las protestas masivas contra él y su régimen empezaron a mediados de febrero en Bengasi, la segunda ciudad más importante de Libia. Y al contrario de lo que pasó en Túnez y Egipto, la revuelta libia derivó en una guerra civil que ha durado más de siete meses. Duro tener que resumirlos en menos de dos minutos (el tiempo es oro en televisión), aunque el haber estado siguiendo y elaborando día a día los “partes de guerra” ha facilitado la tarea.

La mecha de la revuelta libia se enciende el 16 de febrero, con el arresto de un activista pro derechos humanos en Bengasi, la segunda ciudad del país.

El régimen ordenó aplastar las manifestaciones por la democracia que se multiplicaron en los días posteriores: decenas de personas murieron en la sangrienta represión. Miles más se sublevaron, se levantaron en armas y proclamaron Bengasi como su capital.

Gadafí advertía entonces que “moríría en Libia, como un mártir”. Y arengaba a sus partidarios a acabar con las “ratas traidoras”.

En las semanas siguientes, los rebeldes fueron ganando terreno al este del país. Pero cuando el Coronel sacó su artillería pesada, en sólo unos días pasó de estar prácticamente acorralado en Trípoli a llegar a las puertas de la capital rebelde.

Desde entonces se sucedieron los avances y retrocesos de uno y otro bando. Desde el principio, los puertos petrolífeos fueron objetivos primordiales de otra batalla, la del control del motor económico del país. Ciudades enteras, como Misrata, han quedado devastadas por los choques.

El 19 de marzo, ante los ataques indiscriminados contra civiles, una coalición internacional lanzaba (a instancias de la ONU) un dispositivo de asedio al régimen. Incluía el bloqueo por mar, una zona de exclusión aérea y bombardeos selectivos.

Gadafi, desafiante, amenazaba con convertir “todo el Mediterráneo en un campo de batalla”. Ni la operación militar, ni la diplomacia internacional —que ya reconocía al Gobierno rebelde—, ni las sanciones económicas, ni los cientos de muertos… conseguían que accediera a dejar el poder.

Pero el 21 de agosto (y gracias al apoyo de la OTAN) los rebeldes conseguían entrar en la capital, Trípoli. Fue el punto de inflexión de una contienda enquistada durante meses.

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